Ricardo Tormo ganó dos veces su primer Mundial


Vicente Vila Madrazo (@vila1988)

(Publicado originalmente en PlazaDeportiva)

Ricardo Tormo fue campeón del mundo tres días y dejó de serlo cuatro, antes de volver a proclamarse campeón por segunda vez. Se cumplen 35 años de aquella extraña semana.

 

El año 1978 fue uno de los primeros en el despertar de España después de un largo letargo. Al mismo tiempo, fue un año inmejorable para el valenciano Ricardo Tormo (Ayacor (Canals), 1952), nacido en época de penurias en una familia humilde. Precisamente fue alguien de su familia, su tío Pascual, quien con su taller mecánico encendió la chispa que hizo brotar en él la pasión por las motos y marcaría su trayectoria vital.

Dicen de él que se escapaba del colegio y se iba al taller de su tío a ver cómo repasaba las motos, interesado por la mecánica pero también por la competición. Se sentaba a lomos de ellas y quizá se imaginara situaciones imposibles para un niño de provincias. Fue otro chico de provincias, Ángel Nieto -en realidad zamorano afincado en Vallecas-, quien abrió la veda del motociclismo español y marcó el camino que seguiría posteriormente Ricardo.

Ricardo Tormo (3)

Ricardo Tormo se proclamó campeón en 1978 y 1981

Ricardo Tormo se proclamó campeón en 1978 y 1981

Ricardo Tormo (7) Salvador Gascón

Desde que en 1970 le picara el gusanillo de la competición y compitiera por primera vez en una carrera en Guadassuar, después de haber ejercido de espectador durante un tiempo en las carreras locales, hasta 1978, la trayectoria de Ricardo Tormo en el motociclismo no dejó de crecer. Ese año ya era campeón de España: quedaba reinar en el mundo.

Salvador Gascón, su principal mecenas, lo vio claro a principios de los setenta cuando ganó una carrera a pesar de entrar en las curvas con el embrague cogido: “Si aprendes a ir en moto, yo te ayudo a ser campeón del mundo”. “Lo tenía claro entonces: Ricardo iba muy deprisa, no era normal. Estaba hecho para ir rápido, memorizaba los circuitos enseguida y a la tercera vuelta que daba conseguía el récord. Tenía una sensibilidad especial que no he visto en nadie más. Era cabut, però amb un cor tan gran…”, explica Gascón.

Ricardo también lo tenía claro. “Era un gran sueño, una ilusión que me había impuesto conseguir: el campeonato del mundo. Al principio, lógicamente, lo veía posible pero difícil”, decía en una entrevista en 1978 nada más proclamarse campeón ese mismo año por segunda y definitiva vez.

Ricardo Tormo fue campeón del mundo de 50 c.c. del 20 al 23 de agosto de 1978 y desde el 27 de agosto hasta la posteridad. En uno de los desenlaces más surrealistas de la historia del motociclismo, la Federación Internacional, presidida entonces por un español, y los circuitos entonces yugoslavos y hoy croatas de Opatija y Rijeka tuvieron la culpa de que el valenciano se tuviera que ganar dos veces la condición de campeón del mundo.

La primera de ellas fue el 20 de agosto en Nürburgring (Alemania), donde si ganaba y su máximo rival, el italiano Lazzarini, acababa más allá de la segunda posición, se proclamaba campeón. Y ocurrió: Tormo ganó la carrera y tuvo la inestimable ayuda de Ángel Nieto, una estrella que ese día supo hacer de escudero y frenar los envites del italiano. En una carrera que no se podría calificar de emocionante, Tormo dejó a un mundo a Nieto y a varios mundos a Lazzarini, finalmente tercero. De regalo, se llevó un récord del circuito 16 segundos más rápido que el anterior. Ahora, con 15 puntos por disputarse y 17 de diferencia, Ricardo Tormo podía volver a Canals tranquilo para celebrar su título.

Pero ya esa noche surgió la mala noticia, no confirmada por la Federación hasta el miércoles, de que la carrera de Yugoslavia, la que cerraba el calendario y permanecía desde principios de temporada en muy seria duda, finalmente sí se celebraría. No sería en el peligroso trazado de Opatija, sede de graves accidentes y fallecimientos en los acantilados del Adriático, sino en el de Rijeka, a escasos kilómetros. Es decir: quedaban dos carreras por delante y treinta puntos por los que luchar. Tormo dejaba de ser campeón y había que volver a ganar el Mundial.

Por suerte esta situación duró solamente cuatro días, los que transcurrieron desde la decisión de la Federación hasta la carrera del domingo en la República Checa. Ahí no estaría Ángel Nieto, de vuelta a España para seguir con el campeonato nacional, pero el sábado Tormo ya dejó las cosas claras con un tiempo de 4.50.65 (sí, cuatro minutos, que el circuito de Brno entonces medía casi 11 kilómetros), seis segundos más veloz que Lazzarini. A pesar de ello, el domingo el italiano salió lanzado a la carrera; sólo le valía acabar por delante del valenciano. Pero abandonó. Ganó Tormo con más de dos minutos sobre el segundo y se proclamó, por fin, campeón.

En todos esos años no dejó de ser un piloto que se desvivía por los demás, que tenía su material repartido por medio paddock. Vivía una etapa complicada pero envidiada actualmente por la familiaridad que desprendía el ambiente. Los desplazamientos a los circuitos se hacían en furgonetas –aunque hubiera que ir hasta la República Checa- y el equipo lo formaban cuatro personas, incluido el piloto, que dormía con la moto por si las moscas. Encontrar el dinero necesario para correr era más que complicado pues la televisión daba diez minutos de resumen de las motos y había que rebuscar para encontrar las crónicas en los diarios.

Para encontrar un patrocinio había que recurrir a grandes tretas y hasta al chantaje emocional. Uno de los asiduos a la pesca en el estany de Cullera, al lado del restaurante de Salvador Gascón,  era el dueño de Tabervall, una fábrica de muebles. Gascón  consiguió convencerle de que, si quería que un valenciano fuera campeón del mundo, tendría que darle cinco millones de pesetas. El trato era que si Ricardo Tormo no conseguía el título, le devolvían el dinero. No hizo falta.

Hasta llegar al primer Mundial había pasado años duros, en los que llegó a estar más de cinco meses en el hospital en una época en la que dejó de ver a Ángel Nieto como un ídolo y empezó a verlo como un rival. En 1973 corrió con una Derbi RAN 50 (Réplica Ángel Nieto), pero poco a poco empezó a crecer y a aspirar al máximo cuando en 1975 Bultaco se fijó en él para intentar batir al dúo Derbi-Nieto. Dejó atrás una diferencia de medios brutal, que le obligaba a arriesgar continuamente, para llegar a ser piloto oficial en el Mundial. En 1978, pasó de ser una alternativa a una realidad, aunque siempre le faltó la suerte y cuando tuvo medios no pudo aprovecharlos.

Por delante quedaría aún otro título mundial, el de 1981, conseguido con una Bultaco que tenía ya cuatro años, algo impensable en la actualidad. O el inicio de su etapa con Derbi en 1984 junto a un jovencísimo Jorge Martínez ‘Aspar’. O el accidente del 24 de abril, cuando se rompió las dos piernas probando unas modificaciones en la moto en un polígono industrial y le impediría volver a competir en moto. Pero todavía estábamos en 1978, el título era suyo y ya nadie se lo podía quitar.

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